Los Siete Pecados Capitales

La LEY DEL ESPEJO es una herramienta muy curiosa… una persona se significo mandándonos un mensaje en un intento de demostrar su espiritualidad y encubrir su momento emocional actual… agradeciéndole su mensaje y diciéndole que “yo era un maestro del amor”… su curiosa contestación “ten cuidado con tu vanidad” me ilumino este artículo LOS SIETE PECADOS CAPITALES…

La vanidad es definida como “orgullo de la persona que tiene en un alto concepto sus propios méritos y un afán excesivo de ser admirado y considerado por ellos”.

La vanidad es una manifestación de la soberbia y la arrogancia. La persona vanidosa se siente superior al prójimo, ya sea desde un punto de vista intelectual o físico. El vanidoso no duda en destacar su supuesta capacidad cada vez que puede, menospreciando al resto de la gente.

La vanidad encubre un sentimiento de inferioridad y el deseo de ser aceptado por el otro. Al hacer gala de sus virtudes, el vanidoso intenta demostrar que no es menos que nadie (lo que en realidad siente) y espera el aplauso y la admiración de quienes le rodean.

Cuando una persona trabaja con la LEY DEL ESPEJO se da cuenta llegado a un punto que a cada uno le resuena del otro cosas que tiene para así poder sanarlas, pero lo que normalmente no se considera es si la persona observada realmente tiene es “defecto”…

Cuando una persona tiene confianza en lo que hace, sabe cual es su camino y tiene muy claros sus límites, al hablar lo hace con una seguridad que a veces los que la observamos nos parece que esa persona es una vanidosa, una prepotente… aquí es donde entra en juego la LEY DEL ESPEJO y, es que esa persona equilibrada y armoniosa que simplemente esta seguro de si mismo, resulta a que a un observador si le ve los defectos. ¿Realmente es un vanidoso?¿O quién es un vanidoso es el observador?

Yo lo tengo muy claro, si yo tengo una buena autoestima, una fuerza interior y confianza en lo que hago, YO SOY BUENO EN MI TRABAJO, el observador ve en mí su reflejo, es decir, lo que opine acerca de mi forma de expresarme esta en él, pero no necesariamente en mi.

Por ello, cuando valoramos y definimos a una persona tendríamos que llevar sus zapatos y ser completamente empáticos con ella, sin embargo, cuando la definimos realmente nos definimos a nosotros en lo bueno y en aquello no tan bueno.

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